Esta es la historia de un alma indigna, realmente una bruja, de paso una bruja maléfica y perversa. Los pobres infortunados condenados a una eternidad en el infierno la conocen como la esposa del diablo. Para los mortales, lo suficientemente desafortunados para cruzarse en su camino aquí en la tierra; su nombre, su maléfico y perverso nombre es Mary Elizabeth Brainerd.
Tarde en las noches, de cielos obscuros y sin estrellas, Mary Brainerd sobrevuela esta y aquella casa en una escoba llevada por miles de pequeños horribles demonios. Otea el horizonte cuidadosamente, buscando una ventana abierta, tratando de escuchar el llanto de un infante sin atención o los sosegados murmullos de los niños pequeños que hablan cuando deben dormir. "Los bebés pequeños son tan tiernos!", piensa ella. "Pero los niños pequeños también son buenos", sonríe ante la ganga: "Sin mencionar dos por el precio de uno!". Su espantosa, atemorizante risa resuena a través del valle que abajo se extiende, disparando las alarmas de los carros, haciendo que los perros ladren y se cuaje la leche en los refrigeradores...
Una vez, hace mucho tiempo, la maléfica y perversa bruja Mary sedujo y sometió con un poderoso encantamiento a un ser mortal que deseaba poseer. El era joven y guapo y fuerte, y por sobre todo, era un hombre bueno. Era importante que fuera bueno porque la maldad siempre desea poseer y controlar aquello que es bueno. Ella miraba en sus ojos azul verdosos, veía la bondad en su corazón y Mary deseaba destruirlo. Se quedó embarazada sabiendo que este hombre, este pobre estúpido mortal se casaría con ella, presa de sus trucos. "¿No te doy lástima?", preguntaba una y otra vez.
"No la desposes!", le dijeron sus padres. "No la desposes!", le dijeron los amigos. "No la desposes!", le dijo el sacerdote. Pero este hombre bueno era demasiado tonto para escuchar, así que la mala fortuna, por cierto una muy mala fortuna, hizo que desposara a la maléfica y perversa bruja Mary. Hasta la madre de la bruja se apiadó del mortal y le susurró al oído, "No debiste haberla desposado!".
A la bruja y a su esposo mortal les nació una preciosa criatura. La niña era buena como su padre. Esto enfureció y llenó de celos a la maléfica y perversa bruja Mary Brainerd. Intentó separar al padre de la hija, intentó usar a la hija contra el padre. Pero el padre y la hija eran demasiado listos para que la bruja maléfica se saliera con la suya y nunca se separaban por mucho tiempo. "Casi no puedo esperar para dejarla", le dijo la hija a su padre. El hombre mortal amaba tanto a su hija que nunca le contó todas las tribulaciones que la bruja había creado en su vida. Se tragó su orgullo e intentó decirle a su hija, "Ella te ama", o "Ella es tu madre, tienes que poder hablar con ella". Pero la hija veía todo lo que había de perverso en su madre.
Cuando todavía estaban unidos iban de paseo... al pasar una casa grande o un buen carro, la bruja fruncía el ceño, hacía una mueca y se lamentaba con voz estridente: "¿Por qué ellos tienen eso?". Entonces demandaba, "¿Por qué no vivimos nosotros así?" El hombre se esforzaba, trabajaba haciendo un trabajo que odiaba, trabajaba horas extras e iba a la universidad para mejorar sus vidas, pero nunca fue suficiente y el hombre se sentía miserable. Los amigos de ella vendían sus almas para comprar cosas que no se podían permitir de otra manera, y la bruja deseaba que el hombre vendiera su alma también. "¿Por qué no tenemos lo que ellos tienen?", lloraba consumida por su codicia y sordidez. Finalmente, el hombre se tuvo que marchar porque, en este país, había una ley contra el asesinato de brujas perversas.
El mortal escapó con vida, pero la bruja no le permitió llevar a su pequeña princesa con él. Cuanto más tiempo pasaba alejado de la perversa bruja Mary, mejor comprendía lo mucho que ella había sorbido de su vida. El mortal se hizo más y más fuerte y se mantuvo en contacto con su hija. Sin embargo, sabía que en alguna parte, de alguna forma, la perversa bruja Mary estaba tramando algún horror mayúsculo.
Sólo después de que él le mostró a la bruja donde vivía, pudo ella lanzar el mayor embrujo de todos. La bruja lanzó un encantamiento para destruir su existencia misma. Le mintió a sus amigos, le mintió a cualquiera que escuchara. A continuación, le mintió al mortal contándole historias como éstas: "Torcieron mis palabras" o " Me obligaron a hacer esto o aquello". El mortal estaba prácticamente destruido. El mortal estaba prácticamente muerto. Entonces por la gracia de Dios, con la ayuda de un ángel, y con la fortaleza del amor por su hija... el hombre emergió de sus cenizas, aún sin saber su destino.
Un ángel celestial, en forma de mujer, se esforzó en sanar al mortal. Otra preciosa criatura, un hijo, fue colocada en sus manos mortales. Todavía, el mortal batalló su destino. Todavía, el mortal no sabía.
El guapo hijo y la hermosa hija dieron al hombre la fuerza y esto enfureció a la bruja que quería nada menos que su destrucción. El hombre nunca permitiría a la bruja acercarse de nuevo por cuanto sintió la verdad: que si alguna vez ella se aproximaba de nuevo, extraería la vida de él en un soplo. Si alguna vez se acercaba, él moriría. La perversa y maléfica bruja Mary vio la sabiduría con la cual había sido bendecido el hombre y se encolerizó aún más. Nubes obscuras y amenazantes se formaron rápidamente en lo que de otro modo era un cielo claro y hermoso. Una veintena de relámpagos y centellas volaron por el aire cargado de electricidad. Aplausos ensordecedores de truenos explotaron en el tenso silencio. La bruja juró que el lo pagaría y envió a miserables sirvientes en forma de abogados a atacarle. "¡Lo pagarás!", le dijeron. "¡Te dejaremos pobre y sin casa ni hogar. Te despojaremos de la esperanza y la oportunidad!", se mofaron. "!Te despojaremos de dignidad alguna!".
Las fuerzas de la naturaleza y de los hombres se abatieron contra nuestro héroe. Sin embargo, algo lo mantuvo en pie. Algo le obligó a luchar. Algo sobre su hijo y su hija. Algo acerca de los ángeles que lo habían ayudado desde el día que nació. Algo acerca del Dios en el que cree. Y la bruja se encolerizó aún más, pateó y bufó, aulló y gritó. La bruja le miró a los ojos y vio todavía la bondad azul verdosa que quería poseer, pero vio también el fuego en su alma, y esto la atemorizó. El fuego realmente la atemorizó.
Dios, y todos los ángeles y los santos miraron desde el cielo y sonrieron. Los abuelos del mortal, sus tías, todos miraron desde el cielo también, y se enorgullecieron. Hasta la madre de Mary miró desde el cielo, susurrándole a su esposo: "Él sabe!" . El hombre mortal finalmente vio a la bruja como realmente era... un receptáculo de pura maldad, pequeño, feo, vil. El hombre mortal finalmente comprendió que esta bruja maléfica y perversa asesinaba todo lo que tocaba. El hombre mortal recordó sus palabras mágicas al hechizarle: "¿No te doy lástima?". Las había repetido una y otra vez, su mantra mágico: "¿No te doy lástima?". Y en ese momento, lo poco que quedaba del embrujo se quebró totalmente. '¡Puf!'. Nuestro héroe aceptó la mucho más poderosa magia del bien, la magia que viene directamente de Dios, la magia que todos llevamos en nuestros corazones y en nuestras almas.
"Te quiero, papi", le dijo la pequeña a su padre. "Yo también". Un pequeño saludable de tres años llama a su padre a gritos. "Lo siento", implora un equipo de abogados en una especie de coro musical arrepentido luego que comprenden el mal que han acarreado a este hombre inocente. Las leyes de Dios y de los hombres se cambiaron en un instante; se hizo legal el matar perversas, maléficas brujas. El mortal, hombre bueno que era, salió en busca de su perversa ex-esposa...
Removiendo un caldero de sopa caliente, la perversa y maléfica bruja Mary Brainerd levanta la vista y ve a nuestro héroe. "Sopa de chocolate", dice refiriéndose a su color obscuro... cacarea una carcajada y levanta el cucharón de servir: "¿Quieres?". La cabeza de un bebé flota sobre la 'sopa' de sangre fresca, caliente. Sin pensárselo, el mortal toma un cuchillo y lo clava en el pecho de Mary. Una vez, dos veces, tres veces y la apuñala de nuevo, pero no sucede nada. Mary se ríe de su débil aunque furioso esfuerzo. "¡Tienes que apuñalar a una bruja en su corazón!". De nuevo, se ríe, convencida de que él nunca encontrará su pequeño mustio corazón sin vida. Sus cacareos maléficos resuenan a través de los valles y los cañones y las calles de Los Ángeles. Intenta atacar al hombre mortal y morderle. Trata de hundirle sus dientes afilados como hojillas, de forma de extraerle su sangre, ¡su vida!. El la apuñala en el pecho de nuevo y en un instante, los ojos de ella se hinchan y ella boquea. Finalmente, la maléfica y perversa bruja Mary muere, su cuerpo se deshace en un charco pegajoso y maloliente. Cien mil millones de larvas aparecen y beben del charco hasta secarlo... su alma desciende hacia la obscuridad eterna, despachada por los hombres y por Dios para arder en el infierno.
El infierno casi la rechazó. Entonces, embrujó al mismo demonio - halagado por la blasfemia de desposar a una criatura con un nombre tan sagrado -, y ahora es su esposa impía. Durante el día tortura a todas las innumerables almas que sufren de la condenación eterna. De noche... como todas las noches, esta noche, busca bebés y niños y niñas pequeños para cortarlos en pedazos y servírselos a su esposo, Satanás. Así que cierren todas las ventanas, cuiden a los bebés pequeños, y no hablen cuando su madre los envíe a dormir, o la maléfica y perversa, impía esposa de Lucifer, la Reina del Infierno, ¡Mary Elizabeth Brainerd se los puede llevar!
Creada: 29 de octubre, 1999r.
Última actualización: 01 de octubre, 2000r.
Traducción: Sol M. Castro-Sánchez