

Nací en el seno de una familia de clase trabajadora a las 2:05 de la madrugada del día 16 de diciembre de 1.957. Mi padre, Ed, de 31 años de edad, trabajaba como maletero o “Gorra Roja” para el ferrocarril. Mi madre, Dolores, de 24 años de edad, trabajaba algunas veces como contadora, algunas veces como mesonera. Los orgullosos padres llevaron a su hijo del Hospital Frank Cuneo a nuestro apartamento en la zona norte, dónde, según me han dicho, todos celebramos la Navidad juntos...
Fui bautizado dentro de la iglesia católica romana como lo habían sido los miembros de mi familia por generaciones a través de los siglos. La mayoría de los restantes sacramentos, los de la confesión, Primera Comunión, y confirmación (cuando tomé el nombre de Francis) tuvieron lugar en la Iglesia Católica de San Miguel en la zona sur de Chicago dónde crecí, y fui a la escuela en un vecindario pobre, eminentemente de inmigrantes europeos, a la sombra de las acerías.
A través de estos años formativos, aprendí a hablar polaco con mis abuelos maternos. Aprendí la mayor parte de los deportes con mis amigos, Billy y Tommy, Bobby y Jimmy, Janice y Butch, y los recién llegados al vecindario, Ray y Dean. Todos éramos niños pobres, y el cinco de julio, algunas veces salíamos a buscar fuegos artificiales sin explotar. Uno de esos cinco de julio, Dean y yo salimos en busca de algo con qué jugar... ¡Dean lo encontró! ¡Un petardo! Él tenía un paquete de fósforos en una mano y el petardo en la otra... dijo, “¡Epa, Riley, observa esto!” Encendió el petardo, y accidentalmente tiró el fósforo, apretando el petardo encendido en la mano.
¡¡¡BOOM!!! Yo estaba horrorizado; no podía hablar, mientras miraba el petardo explotar en la mano de mi amigo. Queriendo ser doctor, llevé corriendo a mi amigo hasta el sótano de mi casa, y lavamos su herida (no era tan seria), y después, sabiendo que tenía que ser esterilizada, vertí el alcohol de frotar de mi abuela por toda la quemada abierta. Dean chilló de dolor y angustia; yo salté, pero Dean no perdió la mano, y su llaga sanó. ¡Mi primera historia médica exitosa!
Entre las monjas franciscanas, y las maestras seglares de las Escuelas Elementales de San Miguel y W.K. Sullivan, que se destacaron estaban: La hermana Mary Roberta, mi maestra de kindergaten. Cuando me regañaba por hablar mucho, le respondía: “Pero, hermana, no puedo evitarlo... es el irlandés que llevo en mí.” La hermana Mary Vincenta - todos los niños la conocíamos como la hermana Bomba Atómica, porque si olvidabas tu tarea, eras lento, o lo que fuera... ella explotaba, ¡como una bomba atómica! La Sta. Shirley- ¡la bomba granada rubia del cuarto grado! La maestra ideal, fantasía de cada jovencito. La Sra. Marx - ¡la hermana gemela furiosa de la Hermana Bomba Atómica! Se ponía azul cuando gritaba (y esto era en una escuela pública). Y sin embargo, hasta ella tenía sus momentos... era muy mundana y viajada, y algunas tardes, nos contaba acerca de los lugares que había visto, y de las cosas que había hecho. Hubo breves momentos en los que fue una gran maestra, y una persona agradable.
Mis primeros ‘desvelos amorosos’ fueron con varias niñas latinas. Estaba Alma, una niña muy ‘desarrollada’ que se inclinaba sobre el frente de mi pupitre, husmeaba dentro de mis ojos, y pedía que la ayudara con su tarea... ¡Hice la tarea por ella, casi diariamente! Estaba Nina a la que acompañaba a casa después de la escuela todos los días. Y estaba María con la que soñaba despierto casi todo el tiempo... Y estaba Olivia, cuya personalidad era despierta y picante, y con la que luego iría hasta la secundaria.
Jugando béisbol, fútbol americano, hockey, y juegos como la ere y el ejército... yendo de pesca, y algunas veces a funciones triple de cine al teatro Roseland con mi padre, Edward James Riley, hijo, fue cómo pasé la mayor parte de mi tiempo libre.
Comencé los estudios de bachillerato en la secundaria James H. Bowen dónde había un tumulto diario durante uno de los diferentes ¡siete períodos de almuerzo! Me enrolé en el programa R.O.T.C. del ejército juvenil, y asistía a las reuniones de la Patrulla Aérea Civil de las Fuerzas Aéreas de los Estados Unidos (U.S. Air Force's Civil Air Patrol). Olivia, ahora con minifaldas, y desarrollándose en su propio derecho era mi compañera de laboratorio en biología. Ella saltaba sobre el taburete al lado del mío, y me atrapaba espiando sus bien formadas piernas, quizás una ojeada a su muslo... y ella sonreía preguntándome, “¿Te estoy ‘acalorando’ Jimmy?” ¡Ya lo creo que lo estaba! Y entonces, ella hacía todo nuestro trabajo de laboratorio... incluso mi cuaderno de notas de laboratorio por mí. Luego, mi padre tuvo un terrible accidente, estuvo en una explosión en el ascensor de granos de General Mills. Fue el único trabajador que sobrevivió, habiendo sufrido quemaduras de tercer grado en más del noventa por ciento de su cuerpo. Los doctores prepararon a la familia para el peor escenario, pero mi padre era terco, y probó que todos estaban equivocados. Con más de un año de hospitalización, mi madre mantuvo a la familia unida, y visitábamos a mi padre diariamente.
La familia se mudó, y yo comencé a asistir a una nueva escuela en South Holland, estado de Illinois. Al tomar nuevas clases, desde Electricidad Básica a Latín y Alemán, hice nuevos amigos, incluyendo a Tom Yanashatis. Tom era nervioso e hiperactivo; sin embargo un buen amigo a quien apodamos ‘Moisés’.
Montando en bicicleta a través de las calles de South Holland, Tom y yo conseguimos dos niñas, Diane y Debbie que paseaban en las de ellas a lo largo de una calle. Más que nada, por un reto de ‘Moisés’, pedaleé hasta ellas y comencé a hablarles. Mi ‘irlandés’ salió de nuevo, y antes de que lo supiéramos... fuimos hasta la casa de Diane, invitados a tomar un refresco. Pronto, Diane y yo éramos ‘una pareja’. Pasábamos la mayor parte de nuestro tiempo libre juntos, montando en bicicleta, hablando en su casa, visitando el coto forestal local...
Habiendo besado a mi primera niña en kindergarten (Mary Ann), y varios desvelos después de mi maestra de cuarto grado (incluyendo a mi compañera de laboratorio de biología, Olivia), Diane fue realmente mi primera ‘novia’. Fue un tiempo inocente, y nuestra relación duró a lo largo de un hermoso verano. Sin embargo, todo lo que comienza debe terminar, y así fue conmigo y Diane.
El siguiente romance llegó de una manera inesperada. Había ido de paseo con un amigo más joven, un vecino. Estaba comenzando a nevar, y debemos haber caminado a través de dos o tres suburbios, desde Calumet City a Riverdale, en el estado de Illinois. Mi amigo me pidió que paráramos en un mercado local para comprar un refresco. Caminamos a través de un estacionamiento hasta el frente de la tienda. Yo quedé maravillado al ver una preciosa chica italiana parada en el frío vendiendo boletos para una rifa para su escuela. ¡Yo estaba maravillado pero ella habló primero! Al salir de la tienda, se acercó hasta mí y me preguntó si quería comprar algunos boletos de rifa. Su amiga Charlotte vino más atrás y todos comenzamos a conversar.
Fuimos a una pizzeria italiana, y LuAnn y yo sólo podíamos hablar el uno con el otro; Charlotte y mi otro amigo olvidados. Comimos algo, bebimos algo; ¿quién sabe? ¡Pero abandoné Riverdale con su número de teléfono! De citas a restaurantes, a paseos, a películas (nuestra primera película fue: “El Golpe”), e incluso mi fiesta de graduación de secundaria... nuestra relación duró años.
El evento más formal al que Lu y yo asistimos en aquellos años fue la fiesta de graduación de bachillerato de la Secundaria Thornwood. Ella se mandó a hacer un vestido especialmente para la ocasión, y me dio una muestra de la tela para hacer juego con el bouquet que compraría para ella y para mi esmoquin. Mi padre dijo que nos llevaría en su carro - pensé que bromeaba. Después de todo, yo tenía edad más que suficiente para conducir, y tenía la licencia... ¡Y todos los padres de los que había oído hablar alguna vez dejaban a su hijo pedir prestado el carro para la fiesta de graduación! Bien, mi padre no estaba bromeando. Sus intenciones eran buenas, pero ¡Qué disparate social! Yo fui la única persona de la que yo sepa cuyo padre lo llevó conduciendo aquella noche. Después, esperó afuera. Que conste, entiendo la devoción que tomó un gesto así... ¡Esperó toda la noche! Pero, para un chico de dieciséis años fue embarazoso.
Sin embargo, nada turbaba a LuAnn. Bueno, podía tener su carácter... pero parecía entender siempre lo que se nos viniera encima. Me comentó que si hubiera sabido, su papá me hubiera dejado usar su carro. Con todo, nos vimos justamente como una pareja esa noche; estaba preciosa.
Bailamos y comimos, y tuvimos una velada maravillosa. Ella se veía bien, se sentía bien, olía bien, y por sobre todas las cosas, era adorable, e ingeniosa y divertida. Yo estaba convencido de que estaba enamorado.
Había algo especial que yo quería hacer por ella esa noche. Siempre me hablaba de un establecimiento, ‘The Martinique’, dónde tenían un teatro incorporado, y de cuánto deseaba ir allí. Había escatimado y ahorrado, e hice que nuestro chofer (mi papá) nos llevara allí cuando la fiesta de graduación llegó a término.
Comimos, y bebimos, y bailamos un poco más. Incluso bromeamos que tendríamos nuestra recepción de boda aquí. Luego, llegó nuestra cuenta. ¡Era mucho más de lo que tenía! No estaba demasiado preocupado; Lu siempre tenía algo de dinero con ella... sólo estaba tan avergonzado. Así que discretamente me incliné sobre la mesa y le comenté. Sus ojos se abrieron con horror; el color rápidamente desapareció de sus mejillas, y exclamó, “¡No traje nada!”
Ahora bien, mi padre estaba justo afuera así que las cosas no eran tan malas como podían haber sido. Sólo unos minutos más y me hubiera dado cuenta de ello. ¡Hubiera estado feliz de que nos trajera en el auto!
Pero la camarera nos vio... nos notó desde el otro lado de la pista de baile, con los rostros cenicientos, los ojos desorbitados, congelados de miedo. Avanzó hasta la mesa y nos sonrió con gentileza, preguntándonos, “¿No tienen suficiente, verdad?” Nos miramos el uno al otro, y admitimos la terrible verdad.
La camarera asintió con la cabeza y se apiadó de nosotros. “¡Miren! Eso pasa todo el tiempo. Está bien; ¿cuánto tienen?” Pagamos lo que pudimos y nos marchamos muy agradecidos. Más tarde, LuAnn regresó y pagó el resto, incluso trayendo algo extra para agradecer a la camarera.
Debido a las quemadas y a los injertos de piel y a las cicatrices, Ed Riley tuvo que mudarse a un clima más cálido. Mi madre y yo volamos a California; mi padre condujo el automóvil y todas nuestras posesiones a campo traviesa - siguiendo aventuradamente la vieja Ruta 66 norteamericana. ... Y, una vez más, me encontré en otra escuela secundaria y otra ciudad, la Secundaria Blair High School en Pasadena, California.
En la Secundaria Blair tomé nuevas clases y tuve nuevas responsabilidades (por ejemplo, tutorizando estudiantes brillantes de la cercana escuela elemental Allendale, y enseñando a las alumnas de primer año, golf y natación durante las clases de gimnasia). Tuve nuevos amigos, como Michael y Angela.
Mike y yo compartíamos intereses comunes, desde la ingeniería televisiva hasta el acampar en el desierto Palmdale. Tomé, por cierto, una clase práctica en ingeniería televisiva en el canal K.Q. 1.29, el canal de televisión educativo de Pasadena.
Entonces conocí y cortejé a Angela, una chica de ascendencia china, inglesa y portuguesa, que había nacido en Hong Kong, y crecido mayormente en Gran Bretaña y Medford, Oregón. El padre de Angela trabajaba como contador en una compañía norteamericana multinacional, y aunque discutía de política (especialmente la historia angloirlandesa), invitaba a su hija y al novio de ella a muchas comidas en los restaurantes asiáticos a lo largo del sur de California.
Para el final de la secundaria, después de haber trabajado en tres diferentes restaurantes McDonald en dos estados, comencé a asistir a clases en el Colegio Universitario de la ciudad de Pasadena (Pasadena City College), y a trabajar como dependiente de cortesía (empacador) para el Automercado Safeway en South Pasadena, California. Angela regresó a Inglaterra con su familia.
Una noche, tenía cerca de diecisiete años y todavía vivía con mi mamá y mi papá, llegué a casa del trabajo. Trabajaba de noche e iba a PCC durante el día. Saqué algo de comida para asar a la barbacoa junto a la piscina, y un par de mis amigos se acercó. Uno de ellos se casaba al día siguiente. Así que, esta era una especie de despedida de soltero... y estaban bebiendo margaritas.
“Vamos, Jim, tómate un trago”, suplicaron. Nunca me gustó mucho beber, así que fue fácil decir que no. Invitaron otra vez, y dije no otra vez (ahora estaba pensando en mis viejos quienes eran muy estrictos acerca de cosas como ésta). Finalmente, invitaron, y tristemente, mi amigo dijo, “Vamos, Jim, me caso mañana” ¿Qué podía decir a eso? Así que tomé un trago.
Hablamos y reímos, y el primer trago no me supo muy bien, pero el segundo estuvo mejor y el tercero y el cuarto... eventualmente, estuvieron REALMENTE BIEN. La comida se había acabado, y otro amigo, sabiendo cómo eran mis padres, me preguntó si quería ir a su casa, comer un poco de pollo y beber Kool-Aid, y desembriagarme. Bueno, le dije; parecía una buena idea.
Me dio el vaso de Kool-Aid más grande que vi alguna vez en mi vida. Comí el pollo que me ofreció, y sí me desembriagué. Al menos, creía que estaba lo suficientemente sobrio para ir a casa.
En el vestíbulo me encontré con mis otros amigos de nuevo. ‘Ven a la casa un rato’, invitaron. ‘No, me tengo que ir’, respondí. ‘Oh, Jim, me caso mañana’, reiteró mi amigo, ‘y además, no TIENES que beber, podemos solamente hablar’. Bien, y fui.
Me di cuenta que algo estaba mal cuando hablamos por un rato...Me volteé hacia mi amigo George, y le pregunté, “¿Cómo es que tú pareces estar cada vez más sobrio?” En la medida que las palabras se me escaparon, pensé en cómo podía ser eso a menos que yo estuviera más borracho?
Finalmente, me voltee hacia otro de mis amigos y le dije lo mucho que me agradaba su esposa (siempre bajaba a la piscina con su bikini y flirteábamos, pero nunca pasó nada). “También nos agradas”, dijo él con una sonrisa. “No, no, no... no entiendes”, dijo mi boca en contra de mi voluntad, “A mí REALMENTE me gusta tu esposa”. “Tú a ella también, Jim; siempre está hablando de ti”, responde él. Estoy horrorizado pero no me puedo detener y sigo diciéndole lo muy enamorado que estoy de su esposa. Finalmente, para puntuar mis palabras (yo no recuerdo esta parte), ¡le lancé la mesa! ¡Derribé un librero! Luché con otro amigo (no recuerdo nada de esto excepto oír a mi amigo gritar, “¡Ay, maldición!, me pegó otra vez”.
Resultó que en realidad obtuvieron lo que merecían. Verán, ellos estuvieron echando la tequila en mi Kool-Aid, ¡a mis espaldas! Y yo, me puse taaaan borracho; creía que estaba bebiendo Kool-Aid, cuando al final, estaba bebiendo ¡tequila pura!
Trataron de ducharme (con la ropa puesta) para desemborracharme; me llevaron a casa en un carrito de supermercado, y al día siguiente, cuando uno de mis amigos vino a chequear cómo estaba (realmente explicando a mi mamá lo que había pasado), tuve la ira de mi madre gritándome (con una terrible resaca).
Entonces conocí a Annie, refrescantemente diferente y obviamente pobre... o así pensaba. La ayudaba a ella y a su madre hasta el carro con bolsas de víveres de vez en cuando...
Annie regresaba una y otra vez, a menudo en otro carro que parecía que estaba en las últimas; algunas veces estaba con su madre, algunas veces con una de sus hermanas, algunas veces sola.
Una vez, cuando estaba caminando a casa en la obscuridad de una noche en aceras que no habían sido despejadas para caminar en años, Annie pasó en el carro y se detuvo... ofreció llevarme y acepté. Nos sentamos afuera de mi edificio de apartamentos por un rato y la invité, “¿Quizás alguna vez podría invitarte a un café?” “Seguro”, respondió ella con efusión juvenil y vigorosa. Salimos varias veces antes de que una noche Annie me invitó por teléfono, “Eh... mis padres quisieran conocerte”. Confiado, respondí, “Seguro”. Me dio la dirección e instrucciones de cómo llegar. Cuando mencionó la proximidad de la mansión Wrigley, le volví a preguntar.
Llegué hasta allá, mirando al pasar una mansión y luego otra. Las grandes casas, todas presuntuosas parecían husmearme como un intruso. Encontré la dirección, una inmensa mansión blanca se levantaba orgullosamente en el bien cuidado césped... ‘No’, me dije a mí mismo, finalmente buscando por el lado una cabaña de jardinero o cuartos para los criados, o algo, cualquier cosa menos una mansión.
No que Annie pareciera de clase baja; era inteligente y bien instruida, pero era tan sencilla. Entonces, las luces de la mansión se encendieron, y pensé, “¡Qué detalle! Los dueños son tan decentes que los dejan vivir en la casa”.
No necesito decir que la familia era de buena posición, rica para mis estándares de la clase trabajadora. Sus amigos eran aún más ricos. A veces, parecía que ellos pensaban que era por eso que salía con su hija. Si sólo supieran, pensaba que era pobre... me interesaba porque me gustaba. Pero la presión eventualmente nos separó.
Herido pero orgulloso, discutiendo con mi padre acerca de todo, desencantado con los estudios, y soñando con viajar y con oportunidades, abandoné mi trabajo en Safeway, abandoné P.C.C., y me enlisté en una estación de reclutamiento del Ejército de los Estados Unidos en la parte vieja de Pasadena (Old Pasadena). Cuando senté a mi padre a la mesa de la cocina y le di la noticia, se quedó mirándome fijamente por unos pocos minutos silenciosos, y luego dijo, “¡Oh, mierda!”
Fui enviado a hacer el entrenamiento básico de combate (Basic Combat Training) al Fuerte Dix, en New Jersey. De mi examen de aptitud, como ‘recluta’ o Pv1 Riley, fui seleccionado para asistir a la Escuela Preparatoria del Ejército de los Estados Unidos (U.S. Army Prep School )en New Jersey, y luego, ¡a la Academia Militar de los Estados Unidos en West Point! Llamé a mi madre y a mi padre y estaban orgullosos. Mi padre fue a Safeway y le dijo a mi antiguo jefe, y el dijo que también se sentía orgulloso de mi. Los sargentos instructores Barker y Snow de ‘D-7-3’, los Diablos Delta, me estaban ya llamando Teniente Riley. Un día, el sargento instructor Snow, el instructor de ejercicios militares más antiguo me llamó a su oficina. “Tte. Riley”, ladró (en una habitación repleta de instructores de ejercicios militares). “Sí, sargento instructor”, grité de vuelta, cuadrándome. “ Recibí un papeleo de esa Westpoint”, me gritó, apenas conteniendo su propia risa. “¡Y quieren saber acerca de usted!” “¿Sabe lo que les ije?”, preguntó. “No, sargento instructor”, grité en respuesta. “Les dije...”, dijo Snow, haciendo una pausa para mirar a los otros instructores alrededor, “¡que era el hijo de puta más vil, más duro que alguna vez pasó por estas puertas de Fort Dix!” El duro soldado de color obscuro saca a relucir una brillante sonrisa, y agrega, “Pero Riley, nosotros sabemos de que eso no es verdad, ¿no es así?” La habitación estalló en risas, y hasta yo tuve que sonreír en este esterilizado ambiente militar.
Parte de mi entrenamiento en el Fuerte Dix, era conducido por un NCO (oficial sin comisión), quién enseñaba una clase que implicaba mutilar soldados enemigos a través del uso de explosivos y minas para infringir un mayor número de heridos en vez de matar un soldado a la vez. El sargento nos enseñó cómo usar un arma que disparaba proyectiles tipo escopeta que contenían clavos/grapas que, si el enemigo infiltraba tu perímetro, lo engrapaba literalmente al árbol o al edificio que estuviera detrás de él. Como un arma de último recurso, podía entender su necesidad, pero este sargento parecía saborear la idea de matar y lisiar. Esto me afectó al punto de tener pesadillas y rechazar mi posible nominación a West Point (la cual no era una certeza de todas formas).
Del Fuerte Dix, fui enviado al Fuerte Wadsworth en Staten Island, New York dónde fui entrenado como un ‘71M20 (Asistente del Capellán castrense - Especialista en Actividades en la Capilla)’. Nueva York era un maravilloso lugar para visitar; gente, lugares y cosas grandiosas. Era un lugar en el que las USO* parecían realmente ayudar a los soldados. Había boletos gratuitos para espectáculos dentro y fuera de Broadway, boletos gratis para el cine, vouchers gratis para comida en restaurantes magníficos... y perros calientes y refrescos. Ellos eran muy amigables y útiles. La Iglesia Católica también tenía una organización in situ para ayudar a los soldados jóvenes, y organizaban bailes para ayudarnos a socializar. Incluso salí con una de las chicas irlandesas que conocí en uno de los bailes. Después, salí con otra soldado por un tiempo; su nombre era Lisa. Su madre vivía cerca de la Calle 42 y eran muy agradables también.
Me gradué del Entrenamiento Individual Avanzado 71M20 (Advanced Individual Training), A.I.T., y partí para Alemania. Llegué a Francfort, a la Base de la Fuerza Aérea Rhein-Main, a la que los militares se refieren como a la entrada de Europa. De alguna manera, me bajé del avión y me vi en el medio de un grupo de soldados de infantería. Nos recibió un sargento y comenzó a ladrar órdenes, “¡Tú, sube tu culo en aquel autobús!” Así que me subí al autobús. Nos condujeron a través de las calles, y adentro de un viejo fuerte, ‘kaseme’, como los llaman en Alemania... el sargento y algunos otros N.C.O. comenzaron a gritarle a ¡todo el mundo! Ladraban órdenes incomprensibles a los soldados aturdidos por un vuelo transatlántico y llenos de un temor reverente por su nuevo ambiente. Mientras nos recogíamos de prisa hacia nuestros cuarteles y obligaciones en esta estación de reserva del infierno, alguien dijo que vio huecos de balas en las paredes afuera. “... De la segunda guerra mundial”, alguien más opinó detrás de nosotros. No tuve tiempo para mirar atrás.
“Recluta Riley”, escuché a alguien llamar. “¿Hay un recluta Riley aquí?” Corrí, me cuadré; ¡me preguntaba que seguiría! Un sargento mayor se paró frente a mi y me dijo que lo sentía. “Lo siente”, pensé, sin decir una palabra. “Resulta que ha habido una especie de error; no sabíamos que era un asistente al capellán.” “Error”, mi corazón se encumbró del pavimento al cuál había caído un poco antes. “Alguien viene a recogerlo en sólo unos minutos”, explicó el sargento. Sonreí, agradecido.
“Recluta Riley”, alguien volvió a llamar. Corrí y conocí a Chuck, el oficial sin comisión, N.C.O.I.C., de la Comunidad Militar de Mainz. Sería mi jefe por los siguientes dos años. No gritaba; me hablaba como a un ser humano, y me sacó de este hueco infernal en el medio de Francfort para llevarme a mi nuevo hogar, las barracas Robert E. Lee en Mainz, Gonzenheim, Alemania Occidental.
Asignado a la compañía Headquarters Headquarters Company (HHC) de la Primera Brigada, 8ava. División de Infantería, ascendí en los diferentes rangos de recluta 1 (Private-1) a recluta 2 (Pv2), recluta de primera clase (PFC), y especialista 4 (Specialist 4). Tomé clases universitarias con la Universidad de Maryland (división europea), y viajé a lo largo de toda Alemania Occidental dentro de Alemania Oriental (anexa al ejército soviético), Austria, Francia, y pedí aventones a través de Italia.
Tomando un vuelo aéreo, ‘air hop’, (lo cual es como pedir un aventón en un avión de la Fuerza Aérea) a Siganola, Sicilia, pensé que pediría a los autos que me llevaran de gratis a lo largo de la costa italiana, acampando en las playas o quedándome en los hoteles. Las primeras personas que me recogieron eran de una pequeña villa con edificios antiguos y calles de guijarros ... y no querían ni oír hablar de ello (de mis planes de acampar). Me preguntaron, “Dónde te vas a quedar?” Respondí, luchando con mi único semestre de Italiano universitario, dos años de Latín de bachillerato, y un pequeño diccionario italiano/inglés (sin mencionar un montón de apuntar con el dedo), “Allá en la playa”. Los hombres intercambiaron una mirada a mi saco de dormir, a mí, y luego entre ellos. “¡No!”, arguyeron. “¡No puedes quedarte allí; vienes a casa con nosotros!” Antes de que pudiera objetar, salimos de la autostrada (autopista) a una vía secundaria que llevaba a la Villa San Giovanni a los pies del Monte Etna.
Al salir del auto, no era difícil imaginar que esto era muy parecido a lo qué los soldados romanos pudieron haber visto cuando llegaron para cumplir su deber en esta isla con ideas de independencia. Nos detuvimos ante un edificio, un antiguo palacio, ahora subdividido en apartamentos. Los inquilinos tenían sillas de extensión y colchones, y eso parecía ser todo el mobiliario. Atravesamos otra puerta y nos encontramos en una habitación enorme; ‘debe haber sido antes un establo’, pensé para mí. De pronto, otra puerta se abre y uno, dos, tres, varios de los hombres jóvenes de la villa entran. Un hombre de nombre Gino entra con una guitarra. Todo el pueblo sabe que hay un norteamericano entre ellos y quieren conocerlo y ¡aprender canciones americanas!
Sin drogas, sin alcohol; estoy seguro de que había alguna especie de merienda, quizás algún refresco... pero esto fue de verdad bien divertido. Lo que yo no me sabía, me picaban ¡a que lo inventara! En un italiano chapurreado, alardeé acerca de qué gran soldado era. Nos reímos y cantamos, y hasta el día de hoy, si escuchan a alguien cantando una vieja canción americana y tienen la letra incorrecta, ¡probablemente es mi culpa!
Nadie en la habitación hablaba inglés, o así parecía. Entonces, en el medio de una canción, alguien detrás de mí susurra, “Por cierto, sabes que todos somos comunistas, ¿verdad?” Me giré rápidamente, pero no vi a nadie. De pronto corren por mi cabeza los reportes de las noticias acerca de las infames Brigadas Rojas, un grupo italiano de terroristas comunistas fanáticos. De pronto, cambian las historias acerca de mis bravatas tipo Patton. Pienso acerca de cómo la mayoría de los italianos son todavía católicos, y hablo acerca de qué tan cercanamente trabajo con nuestro sacerdote, el Padre Wayne, y el Monasterio de los Consagrados en Mainz.
La noche pronto acaba y un pequeño grupo de los locales me lleva a otro edificio. Es un edificio de apartamentos sin terminar (si se termina, el govierno italiano lo pecha a un valor mucho mayor). El edificio no tiene electricidad; está obscuro y parece abandonado. Una plancha de madera terciada, asegurada por un candado viejo y herrumbroso, sirve como puerta principal...
‘CLAC!’ Una llave abre el candado y la plancha se columpia sobre sus herrumbrosos goznes para abrirse. Subimos la desbastada escalera que lleva al segundo piso; el camino iluminado por linternas y velas. Todo es surrealista, como algo salido de una mala película.
Me encuentro en el segundo piso, en una habitación, las paredes empapeladas con las fotografías de Marx y Lenin, y ¡de cada comunista que alguna vez vivió! O eso parecía. Al final del apartamento, apenas amueblado aquí y allá, había un viejo catre del ejército. “Esto podría ser dónde las Brigadas Rojas mantuvieron a aquel juez antes de asesinarlo”, pensé para mí, sumergido en mi paranoia.
“Nos vamos ahora”, me informa uno de los italianos... “Y cerraremos la puerta con llave detrás de nosotros” “¡No!”, ¡prácticamente grito a mis captores imaginarios! Estoy tan sorprendido como ellos a medida que la exclamación escapa de mis labios. Un siciliano joven, de piel obscura, sonríe y pregunta, “No confías en nosotros, ¿verdad?” “¡No, no, simplemente...”, buscando a tientas una respuesta, se me ocurre “¿Qué, si hay un fuego?” Todos sonríen, alguien atrás incluso se ríe. “Bueno”, alguien ofrece, “No cerraremos la puerta.” “Después, en la mañana”, me dicen, “vendremos, te recogeremos, y te llevaremos a la autostrada”. Empiezo a aprender a confiar en ellos, y finalmente me quedo dormido, sólo para ser despertado como prometieron y llevarme a la autopista antes de que tengan que ir a la escuela y al trabajo.
Me encontré viajando en todo tipo de vehículo desde un transbordador a tierra firme (Italia), a carros de lujo, carros compactos, e incluso una carreta de heno tirada por un burro. El campo italiano, las vistas desde los acantilados sobre el mar, la gente; era mucho más de lo que yo esperaba. Rodé y caminé campos antiguos, a través de pueblos antiguos y mercados; visité sitios antiguos. Me enamoré de un país, su cultura, y finalmente, su gente. ¡Nadie podría ser mejor bienvenido en parte alguna del mundo!
Finalmente, justo en las afueras de Nápoles, cerca de una gran base naval de los Estados Unidos... mi suerte pareció fallar; lucía como si iba a tener que acampar. ¡También parecía como que iba a llover! Así que siendo el ‘soldado’ que era, comencé a buscar algún albergue. Un edificio cercano con un techo saledizo parecía ofrecer alguna protección. Todas las luces estaban apagadas, y el estacionamiento estaba vacío; este lugar parecía desocupado.
Cuidadosamente, coloqué mi saco de dormir del ejército. Gatee adentro y halé el cierre hasta cerrarla para mantener afuera el frío mediterráneo de la noche. No pasó mucho tiempo, sin embargo; percibí algo. Sentí algo; supongo que dirían que una presencia. Bajando el cierre de la bolsa y sacando mi cabeza, casi me enceguecen los faros altos de un BMW último modelo estacionado apenas unos centímetros de dónde me encontraba echado.
Una figura alta, obscura, amenazante, se para al lado del carro, al lado de las luces brillantes - con las manos en las caderas, me mira. “Escuso, Escuso”, digo en mi mejor italiano chapurreado, enrollo mi equipo. “¿Escuso?” El hombre alto que me miraba fijo relaja su rostro y se sonríe, ofreciendo ”¡No, no, es bien, es bien!” “¿Es bien?”, pregunto para asegurarme. “Es bien”, dice el hombre con un grueso, pero amigable acento italiano meneando la cabeza. Así que desenrollo mi saco de dormir y vuelvo a gatear en él de vuelta, pero las luces no se apagan, el carro no se mueve, y el italiano continua asomado encima de mi. Espera, observa; mira fijamente al americano tratando de dormir en su estacionamiento.
Sintiéndome inquieto, y sintiendo que este hombre no se va a marchar, me levanto y comienzo a enrollar mi equipo de nuevo. Repito el mantra “Escuso, escuso...” Espero no haber hecho nada que me vaya a meter en problemas, y que este hombre no sea ninguna clase de asesino o algo así. “No, no, es bien; es bien”, insiste el hombre. “¡Bien, un cuerno!”, pienso para mí, mientras me preparo para marcharme.
*N.T. Las USO, United Service Organizations (Organizaciones del Servicio Unido), son una agencia no gubernamental fundada en 1.941 para suministrar instalaciones recreativas y religiosas para el personal militar de los Estados Unidos.
'...¿Y qué pasó después, Jim?'
Quiero saber más ...(siguiente página - en ingles)
~ Actores y Actrices ~
~ La entrada de Onlinetheater ~
~ ¡¡¡Avances!!! ~
~ Críticas de Cine de Onlinetheater ~
~ La Biblioteca de Onlinetheater ~
~ Las Personalidades de Onlinetheater ~
~ El Rincón Poético de Onlinetheater ~
Creada: Agosto 6, 2000r.
Última Actualización: Mayo 2, 2001r.
Traducción: Sol M. Castro-Sánchez