Es una de esas noches que supuestamente no deben ocurrir: Jeff conduce desde la ciudad de Palmdale hacia el Valle de San Fernando y hasta su hogar en Sherman Oaks, en California. Habiendo visitado a alguien, a una amiga, bueno... a una amiga íntima, Jeff tenía que volver a casa y dormir un poco antes de trabajar al día siguiente. Odiaba el viaje, pero estaba un poco loco por Gloria. Al pasar por el pueblo de Acton, perdió la señal de radio al comenzar a llover. Aún cuando siempre lo intentaba, sabía, mientras daba vueltas al dial, que todo lo que obtendría sería estática. No obstante, le dio una vuelta, un tirón y un empujón frustrado al dial. La gente dijo alguna vez que "¡nunca llueve al sur de California!" Esta noche, una vez más, se comprobó que estaban equivocados en el momento en que el torrencial aguacero aporreaba su parabrisas.
"BUUM--RR-RAA-JJA" Jeff salta con la explosión inesperada; en una fracción de segundo, se voltea a mirar. En una fracción de segundo, vidrio y lluvia entran precipitadamente en la parte posterior de su camioneta. No hay tráfico; Jeff se orilla al hombrillo de la carretera Antelope Valley, tratando de imaginar qué fue lo que pasó; tratando de imaginar qué hacer. Hurgando en la cabina de su camioneta de reparto, tira de una bolsa de plástico, para chapucear un arreglo que no deje entrar la lluvia. Salta de vuelta dentro de la camioneta, enciende el motor, y cuando está a punto de alejarse, ve una hermosa jovencita, parada enfrente de sus luces delanteras.
Está cansado; está empapado; ella es deslumbrante, es joven ... Jeff salta afuera de la camioneta, y se encuentra preguntándole si necesita un aventón, que la lleven a algún sitio. La chiquilla bien parecida no responde; sólo se queda parada allí, empapada y temblando. La lluvia sigue cayendo; ellos se siguen mojando. "RA-BA-BA-BUM", un tajo de trueno restalla en contraste con el cielo negro, sin estrellas. Jeff le clava la vista otro minuto, preguntándole: "¿Te encuentras bien?" Mira alrededor y pregunta, "¿Problemas con el auto, un accidente?" Aún, la joven granuja no responde, no se mueve, ni siquiera parpadea; sólo se queda parada allí, empapada y temblorosa. "¡Mierda!", refunfuña él. "Mira, muchacha, si necesitas que te lleve, súbete... de lo contrario, yo me estoy largando!" Todavía nada, ninguna reacción. Y Jeff se siente seguro de que la pobre criatura debe haber estado en un accidente. "Debe estar bajo una conmoción", razona.
Deslizando un brazo alrededor de su nuevo encargo, Jeff guía a la joven hacia el interior de su camioneta. Se marchan y por varios minutos, se sientan en un silencio total. Él la mira; ella mira hacia afuera por el parabrisas. Él trata de hacerla hablar; ella tiene la mirada fija, perdida; ella mira ciegamente a la nada delante de ellos.
Jeff: "Emm, ¿Vives por aquí?"
La joven:
Jeff: "¿Vives todavía con tus viejos?"
La joven:
Jeff: "Te ves un poco joven para estar por ahí tú sola, ¿Alguien contigo?"
La joven:
Jeff: "¿Te encuentras bien?" "¿Me puedes oír?"
La joven:
Aliviado, Jeff ve una pocas luces a lo lejos. "Te puedo dejar un poco más adelante", propone. Aún, la joven no reacciona. A causa de la ventana rota, Jeff ha tenido que gritar. Pasando otra salida, comprende que su mejor curso de acción será dejarla en el restaurante/estación de servicio. Estará abrigada y segura, y si hay algún problema, seguramente ellos llamarán a los polizontes. Piensa, "¡Dios!, esto fue un error" El ruido de parte de la ventana rota es irritante; el silencio de parte de esta joven es aún más irritante. Pasan otra tenuemente iluminada salida a ninguna parte; la pasan en silencio. La joven quieta, y mirando fijamente a la noche vacía delante de ellos.
Jeff: "Tienen abundante café caliente y buena comida allá adelante"
La joven:
Jeff: " Así que, emm, este..., mira, si no tienes nada, bueno, yo, ¿tal vez podría, este, convidarte algo?"
La joven:
Jeff: "¿Tú, eh, tú, tienes nombre?"
La joven:
El monólogo no lo estaba conduciendo a ninguna parte; Jeff decidió deshacerse de su pasajera tan pronto como le fuera posible. Se sentía vagamente, indescriptiblemente, intranquilo. Cuando el alumbrado de la calle mejoró, la miró, a su brazo, su mano, su pierna del pantalón ensangrentada. "La pierna del pantalón ensangrentada", chilló él en silencio. Sin saber si debía preguntarle si estaba bien o qué (la podía inquietar), Jeff decidió llevarla al restaurante y llamar al número de emergencia, 911. Algo estaba realmente mal aquí; estaba seguro de ello.
Jeff desvió la camioneta roja en la siguiente salida; dio vuelta a la izquierda; condujo por encima de la autopista y llegó al inmenso estacionamiento. "Bueno, llegamos", anunció, tratando de sonar tan animado como le era posible. Calzándose en un pequeño espacio del estacionamiento, apagó el motor y miró a la joven. "¿Estás bien?", preguntó, inclinándose hacia ella. "AAAGGGGHHHHHHHHHHHHHHHHHHH-HHHHHHHHHHHHHHHHHHHHHHHHHHHHHHHHHHHHHHH", gritó la joven, mientras sacaba de su lado derecho un enorme cuchillo de cocina ensangrentado y se abalanzaba sobre Jeff. Una y otra vez, lo apuñaló, cortando salvajemente sus manos, sus brazos, ¡su pecho! Una y otra vez, embistió con su cuchillo sangriento, contra su pecho, su estómago, su cuello, su rostro, lo que estuviera más cerca mientras él se torcía y retorcía, tratando de protegerse. Jeff murió después de cuarenta y siete (47) penetraciones, pero la joven no paró; apuñaló y apuñaló, una y otra vez en el estómago hasta que brotaron los intestinos; en la entrepierna, una y otra vez. La joven no paraba tampoco de gritar. "AAAGGGGHHHHHHHHHHHHHHHHHHHHHHHHHHHHHHHHHHH-HHHHHHHHHHHHHHHHHHHHHHH", gritaba una y otra vez hasta que un par de oficiales patrulleros abrieron la cabina salpicada de sangre, y la encontraron, cuchillo en mano (todavía apuñalando lo que quedaba de Jeff) ¡Cubierta en sangre y gritando!
Los oficiales tuvieron que arrastrarla fuera de la camioneta; tuvieron que arrancar el cuchillo de su mano, y más tarde, un médico tuvo que sedarla para lograr que dejara de gritar. Nadie sabe quién era; nadie sabe dónde está. Verás, hace unos pocos días, dijeron que se escapó del hospital estatal. Tal vez, se dirige a casa... pidiendo, en alguna autopista, que alguien la lleve de gratis. "¿Le da un aventón a una pobre, chica joven, señor?"
Creada: 29 de octubre, 1999r.
Última actualización: 01 de octubre, 2000r.
Traducción: Sol M. Castro-Sánchez