A LAS PUERTAS DE LA MUERTE

¡Pum! Escucho el ruido y me sonrío pensando que es un cohete, un petardo, quizás incluso el tubo de escape de un carro... ¡Pum, pum, pum! Suenan tres disparos más mientras introduzco la llave en la puerta de entrada, pero entonces es demasiado tarde, se abre la puerta y caigo en un charco de mi propia sangre.

¿Chocante? Quizás, pero no había tanto dolor mientras permanezco allí, con una mitad de mi cuerpo adentro y la otra mitad fuera del apartamento; mis manos instintivamente tratan de alcanzar mis heridas. Siento el calor de mi sangre borboteando, regando mis manos y manchando mi alfombra.

¿Y a continuación? Calma, serena calma. Sé que debería estar confundido, temeroso, al menos sorprendido. Sin embargo, todo lo que hay, todo lo que existe es una calma que no puedo explicar. Unos hombres extraños, uniformados como policías, se plantan al lado de mi forma sin vida, y hablan de un tiroteo desde un carro. Sacuden la cabeza y lo califican de absurdo. Me lleva un minuto darme cuenta de que están hablando acerca de mí y de lo que acaba de ocurrir.

Me introducen en una furgoneta, ni siquiera es una ambulancia. Alguien en la multitud de vecinos y mirones murmura algo doloroso que me apuñala el corazón, algo acerca de un "furgón de fiambre" Se cierran las puertas con un portazo y termina mi perturbación. Quiero asegurarme de que alguien cierre la puerta de mi apartamento con llave, y entonces me doy cuenta de que ya no tiene importancia. Es curioso lo que se te ocurre cuando estás muerto.

Giran las ruedas y la furgoneta me aleja. Me pregunto acerca de los túneles de luz, los ángeles y los familiares fallecidos... Ni siquiera estoy flotando como dice la gente. Y sin embargo, de alguna manera, yo "sé" cosas, como cómo es la gente, quién está alrededor, cómo soy yo... pero es más mental que visual, más consciente que físico. ¿Me explico? "Sé" tan bien, veo sin mirar. ¿Me pueden entender?

Entonces la "veo", ¡una luz brillante, enceguecedora! Escucho un zumbido. Pero es sólo el médico forense encendiendo la luz para examinar mi cadáver. Sólo su ayudante poniendo en marcha la sierra que rasgará mi carne. El forense toma medidas, hace cortes en mi piel, escudriña y aguijonea y escudriña... hace algunas anotaciones. Todo es frío y clínico y, por sobre todo, muy sucio, desordenado, con toda esa sangre, y tejidos, y bala, y cenizas. ¿Cenizas? El forense no puede siquiera leer el aviso en la pared, ese que dice claramente: 'Se prohibe fumar' y, sin embargo, ¿Me está cortando? ¡Ja! Todavía me molesta, bueno por lo menos la idea me molesta. Como comenté antes, es curioso lo que piensas cuando estás muerto.

Los cortes y la fumadera terminan. Unos ayudantes con apariencia grasienta levantan mis restos, me colocan en una bolsa, alguien sube el cierre. Finalmente, los pazguatos me tiran dentro de un contenedor que parece un congelador. Se cierra el cerrojo con un golpe seco y me dejan solo en el frío y en la obscuridad. Extrañamente, no los "siento" realmente, ni los temo. Hay una vida después de la vida, y ahora lo 'sé'

Comienzo a preguntarme si me puedo comunicar con alguno de los otros "tiesos" en este lugar. Pienso que deben estar "conscientes" y a la espera, también. Se abre el cerrojo con otro golpe seco. Unos extraños firman e intercambian papeles, otros extraños sacan mi cuerpo del lugar obscuro, frío, del edificio del forense y lo introducen en la parte trasera de un carro, un coche fúnebre, un Cadillac. Al menos me voy con algo de respeto, algo de estilo... como si importara.

Nos acercamos a la funeraria, un edificio de ladrillos, agradable, casero. Por cierto, el empresario de pompas fúnebres y su familia viven en la parte alta, el salón funerario abajo, en el primer piso. El chofer gira la carroza gris y negra de dos toneladas fuera de la bulliciosa calle y sube al garaje.

Una jovencita se para en la acera; en un momento, menos que eso, en un relámpago... conozco toda su vida, conozco cada uno de sus pensamientos. ¡Tristeza! La siento cuando mira el carro, la funeraria y recuerda... su Tía Rosie, su pariente favorita. La tía que la llevaba a todas partes y que hacía de todo. La tía tan llena de vida y amor. Uno no puede evitar amar la vivaz joven artista comercial.

Hubo un accidente. Rosie se salió de un puente en la autopista y se estrelló en su precioso Chevy. Siento tanto de lo que esta chica siente; es casi demasiado para soportarlo, quiero llorar.

La chica desaparece ahora y estacionan el coche fúnebre en la parte de atrás de la funeraria. Abren la puerta trasera, siento el aire, aire fresco. Sin embargo, los pensamientos, los recuerdos de la joven persisten y me pregunto si conoceré alguna vez a esta Tía Rosie. Parece, en una palabra, ¡Maravillosa!

El conductor, cuya vida entera fluye ante mis pensamientos, entra al edificio. Regresa al poco tiempo con otros dos hombres. Uno de los hombres, que lleva una bata blanca de laboratorio y una magnífica melena blanco-plateada, está obviamente a cargo. También sé acerca de él, y de cómo comenzó este lugar hace cerca de veintidós años junto a su esposa. Ahora le va muy bien, sin embargo. Casi para acentuar el punto, chequea la hora en un impresionante reloj Rolex. Su hijo y el chofer comparten un chiste y una carcajada mientras arrastran la bolsa que contiene mis restos desnudos a una camilla plegable.

En una sala bien iluminada, amoblada con piezas de acero inoxidable y con un piso de concreto, el muchacho y el conductor bajan el cierre de la bolsa de la morgue y me tiran sobre otra mesa más. El encargado en su bata de laboratorio se introduce en un delantal enorme; a continuación, rueda una pequeña bandeja de instrumentos cerca de mi cadáver. Sus 'ayudantes' abandonan la habitación y el hombre enciende un receptor estéreo, llenando la habitación con música clásica.

Hace una incisión para vaciar cualquier resto de sangre que pueda todavía haber en mi cuerpo ligeramente azulado, frío, sin vida. Hace rodar una máquina, una especie de bomba, cerca de mí, para llenar mis venas con formol. Mientras la bomba eyacula su espeso fluido frío profundamente en mí, el hombre cose mis labios meticulosamente. Pienso sobre esto, reflexiono en cómo nunca más besaré, o saborearé o hablaré. Por primera vez desde que esto pasó, me siento un poco solo, un poco menos que humano.

El hombre me lava con agua fría, con una pequeña manguera de jardín. Frota mi cuerpo con una esponja y un poco de desinfectante y me enjuaga y frota un poco más. Es tosco, simplemente lavando un caparazón muerto, un objeto inanimado. Su atractiva esposa entra; ella ha ayudado a su esposo desde el principio. Su trabajo es arreglar mi cabello y afeitarme. Después de este acicalamiento básico, sonríe, e incluso me llama: 'Guapo'. "Te lo he dicho otras veces", responde el esposo con una sonrisa: " Sin coquetear con los clientes". Puedo sentir el amor que estas dos personas comparten.

El encargado saca mi traje azul, el que siempre me gustó más. Cruzado, de rayas muy finas, muy elegante. Juntos, me visten, me colocan en el féretro, y entonces ella arregla mi corbata. ¡La corbata equivocada! La escogió mi madre, y ¡Escogió la corbata equivocada! Esperen un momento, ¿Mi madre? ¿Voló desde Nueva York? ¡Qué dulce!

La mujer rueda otra mesa hasta mí. Son cosméticos, maquillaje. Su toque es suave y delicado, pero sigue siendo ¡Maquillaje! Siento la indignidad, me siento incómodo. Es extraño, pero ella sólo me hace ver natural, como si estuviera vivo, de acuerdo, ... 'guapo'. Ha hecho un buen trabajo, lo 'sé'.

Ruedan mi cuerpo sin vida de habitación en habitación, el hombre coloca un rosario en mis manos cruzadas descansando sobre mi estómago. Sonríe ante este toque 'final'. Me llevan, pasillo abajo, a una sala con sillas plegables, ubicadas en filas silenciosas con flores apoyadas a lo largo de las paredes. Coronas de flores.

Mi ataúd está encaramado en un pequeño pedestal a juego. Brevemente me preocupo de conservar mi equilibrio. Quiero ayudar, ¡No me quiero caer! Después olvido mi temor, y me quedo impresionado por la sensación de esa apariencia azulada, el matiz que me rodea, sé que la esposa del encargado me puso ese maquillaje, pero lo percibo, lo siento,... todo a mi alrededor... como un resplandor o algo así. ¡Y choca con esa corbata! Como mi traje. ¿Por qué escogió esa corbata?, me pregunto nuevamente.

La sala está llena de vacío, atestada de asientos vacíos y el triste, dulce aroma de las flores... rosas, su perfume acre lo impregna todo, incluso el aire frío que sopla de las ventilas cerca del techo.

Inesperadamente, voces, voces aquietadas, voces tristes se reúnen afuera en el pasillo. Conozco las voces, conozco las personas, y de la misma forma inesperada, me rebosan sus emociones.

Alguien abre un libro y la gente garabatea algunas palabras, luego firman con sus nombres. Apresuradamente traen a alguien que se arrodilla ante mi ataúd. Un sacerdote ora, me unge con los aceites sagrados, me da lo que se conoce como los últimos ritos de la iglesia católica romana. Este sacerdote es devoto, pero está enojado por algo. Está muy enojado por la insistencia de mi familia de que mi misa funeral sea en latín, de acuerdo a la tradición tridentina del rito latino. No quiere hacerlo, tiene miedo del obispo. Le preocupa el concepto. Pero es mi última voluntad.

Mi padre sujeta a mi madre, ella le estrecha el brazo. Mientras se aproximan, siento su emoción, su tristeza, su dolor. Siento toda la intensidad - nunca supe cuánto, nunca me percaté cuánto me amaban. ¡Mi corazón, si todavía tuviera uno, podría estallar! Quiero decirles que estoy bien. Quiero gritar, quiero vociferar. Quiero abrazarlos una última vez.

Se arrodillan y rezan. Mi madre repite mi nombre una y otra y otra vez. Mi padre presenta un frente fuerte, pero, por dentro, en su alma, llora. Lamentan y sollozan silenciosamente, y, sin embargo, lo escucho y lo siento más fuerte que lo que he escuchado o sentido cualquier cosa alguna vez.

Siguen mis hijos, mi hijo y mi hija. ¡Oh, Dios, esto es insoportable! Mi hijo, como mi padre, trata de ser fuerte, trata de contenerse. Esto es terrible, y sin embargo sé cuánto me aman. Es horrible y, sin embargo, me llena. Aún así, envidio a los vivos, aunque sea por su capacidad para comunicarse, para abrazar, para tocar. Estoy con mis hijos, pero no lo saben. Siento su dolor, pero no los puedo consolar.

Parece que pasara un escalofrío cuando se aproxima mi ex-esposa. Es la frialdad en su obscuro, marchito, desesperadamente ambicioso corazón sin imaginación. Monta un espectáculo con lágrimas falsas, llora y solloza. Dice que lo siente. Se voltea brevemente para asegurarse de que los otros la miran; después de todo, ¿Qué es una buena actuación sin una audiencia? Proclama su 'amor' por mí. Sin embargo, yo sé que su único amor es la avaricia. Yo sé que sus únicas lágrimas verdaderas se mostrarán cuando sepa que no hay dinero para ella.

El escalofrío se intensifica... otro corazón vacío se aproxima. Rodney, mi muy querido amigo (o eso pensaba). Sonríe con una mueca diabólica que nadie más puede ver. Sus pensamientos son sobre cómo puede acostarse con mi ex-esposa y mi novia Grace. Nos ayudamos mutuamente, viajamos juntos... una vez, cuando estaba realmente mal, incluso me compró un par de zapatos. Lo consideraba un hermano.

Grace me trae calor de nuevo. Sus pensamientos y su corazón son puros y buenos. Su dolor es mi dolor, su tristeza es verdadera. Comparto sus pensamientos más recónditos y los recuerdos de nuestro primer encuentro hace tantos años. El vestido que se mandó a hacer para nuestra primera cita. Las cosas que nunca me dijo, las cosas que nunca supe. Recuerda qué impresionado estaba con su inteligencia, su título, su erudición - y cómo acariciaba mi frágil ego masculino con su romántica sumisión.

Lágrimas de sal escapan de sus ojos, sus ojos rojos, y me siento culpable, sabiendo que debí haberme casado con ella. Ella nunca se quejó; yo nunca entendí. Presumí que era feliz.

Los asientos están ocupados ahora, y durante los siguientes dos días la gente viene y sin saberlo, se comparten conmigo. Mi increíblemente dedicada jefe, Elizabeth, quién una vez fue profesora en la universidad de Yale. Mi amigo Don, que realizó su entrenamiento básico en el ejército conmigo. Luego está Tom, un amigo de la infancia, y Jim, de Minessota.

Casi me distraigo con el pequeño agujero en el techo, y es entonces cuando regresa el sacerdote... dice unas cuantas oraciones más. Rocía algo de agua bendita sobre mí, sobre mi féretro. Cierran la tapa, pero no cambia nada. Todavía veo sin mirar; todavía sé y siento.

Ataúd y todo, me introducen en el coche fúnebre. Es el mismo carro que me trajo aquí. Ahora, recién lavado y encerado, lleva mi cadáver a la iglesia. Pasamos este edificio y aquel, lugares que la gente piensa fueron importantes para mí. Y ahora me pregunto por qué hay un agujero en el techo del coche fúnebre, un poco más grande que el del salón funerario, y a través de él, brilla el sol.

Mis amigos me llevan dentro de la iglesia; se les llama portaféretros. Colocan mi ataúd en otra plataforma en el pasillo central cerca del altar. El sacerdote jesuita, una vez más bendice el cajón de bronce con agua bendita. Luego hay incienso... huele bien. El sacerdote comienza sus cantos gregorianos en latín antiguo. Hace la señal de la cruz con su mano derecha, y comienza la misa, mi última misa.

He sido bendecido al vivir mi vida de nuevo a través de mis amigos y mi familia. He sido bendecido al conocer sus corazones. Y ahora, todo se torna tan claro. El gran agujero en el techo de la iglesia, ¡No es un agujero! La luz, la luz brillante, reluciente, cálida, no es del sol. Me elevo, floto, me demoro por un momento hasta que el sacerdote canta: "Dominus Vobiscum" (El Señor esté con ustedes), y el túnel crece, la luz resplandece... digo adiós silenciosamente, y luego me voy...

~ Entrada de Onlinetheater ~

~ Biblioteca de Onlinetheater ~

~ ¡Noticias en Caliente! ~

~ ¡Personalidades de Onlinetheater! ~

~ La Sala de Cine de Onlinetheater ~


Creada: 29 de octubre, 1999r.
Última actualización: 01 de octubre, 2000r.
Traducción: Sol M. Castro-Sánchez